¿¿¿Un pedido de cien mil Mercedes clase S???

¿¿¿Un pedido de cien mil Mercedes clase S???
20.03.16 escrito por Ignacio Sánchez Mingorance

By Tuit Marketing

By Enrique Dans

El vehículo de la fotografía es un Mercedes-Benz Clase S de 2016, un sedán de lujo, con algunas prestaciones de conducción autónoma (no completamente autónoma, pero sí de asistencia avanzada a la conducción), con opción de motor eléctrico, y con un precio cercano a los noventa mil euros.

Según algunos rumores iniciados en esta noticia de la revista alemana Manager Magazin citada posteriormente en Reuters, y de ahí a todas las fuentes habituales, Uber podría haber llevado a cabo el pedido más grande de la historia a Daimler: nada menos que cien mil de esos vehículos, por un importe aproximado de unos 10,000 millones de euros sin considerar los posibles descuentos por volumen. El equivalente a todas las ventas de la compañía en la citada Clase S durante todo el pasado año 2015.

La noticia está completamente sin confirmar, y su magnitud hace que tengamos que tener todas las precauciones del mundo a la hora de analizarla. A pesar del fastuoso importe de alrededor de 62.5 miles de millones de dólares que reflejan las valoraciones de Uber más recientes (muy recomendable el artículo How do you value a company like Uber?, del indiscutible referente Aswath Damodaran), no debemos olvidar que ese importe se construye en función de una simple proporción que extrapola lo pagado por una serie de inversores por un porcentaje generalmente pequeño de la compañía, y que en realidad, no existe como tal, en ninguna cuenta bancaria en ningún lugar del mundo a nombre de la compañía). Que Uber se plantee comprometer en torno a una sexta parte de su valoración total en una operación de adquisición de vehículos semi-autónomos, cuando uno de los elementos más notables de su historia de éxito es que no poseía vehículos, sería sin duda uno de los movimientos empresariales más agresivos de la historia, y el anuncio evidente de un cambio de estrategia que podría estar encaminado a reducir el capítulo de gasto más importante que la compañía tiene hoy en día, sus conductores, a cambio de algo que, aunque firme en su desarrollo, todavía es una promesa que los más optimistas sitúan en torno a 2020, la de la conducción autónoma. Dada la depreciación y amortización de los vehículos, lanzarse a plantear una flota semejante en pleno 2016 supondría, en principio, una apuesta enormemente arriesgada. Por otro lado, no olvidemos los tiempos que vivimos: no hace mucho, vimos a Mark Zuckerberg gastarse sin pestañear más del doble de esa cantidad en una compañía de menos de cincuenta personas sin ningún tipo de modelo de negocio…

Uber lleva ya tiempo colaborando con Carnegie Mellon en el desarrollo de tecnologías de conducción autónoma. El impulso dado a la tecnología y el compromiso de Uber con ella ha sido tan agresivamente entusiasta, que la propia universidad llegó a quejarse por el comportamiento de Uber, que llegó a seducir a una cantidad tan elevada de personas para llevárselas a sus filas, que prácticamente despobló el departamento universitario, y terminó compensando ese comportamiento con una donación de 5.5 millones de dólares para financiar un nuevo laboratorio. ¿Puede haber llegado el avance de las investigaciones a tal punto que sea capaz de equipar esos vehículos supuestamente adquiridos a Daimler con tecnología suficiente como para convertirlos en completamente autónomos? Cualquier cosa que no fuese eso resultaría arriesgada en términos de costes, puesto que supondría por un lado elevar los costes fijos sin dejar de hacer frente a los variables que supone la presencia de conductores, por mucho que reduzcan su papel activo en la conducción. Por otro lado, el interés de Daimler en el desarrollo de tecnologías disruptivas y su fortísima inversión en todo aquello que pueda suponer un cambio de era en la automoción lo convertirían seguramente en el socio ideal de entre todos los posibles, salvando posiblemente a una Tesla que, aunque enormemente atractiva, carece aún de la escala suficiente en fabricación como para plantearse una operación semejante.

¿Estamos ante una Uber dispuesta a dar un salto en su modelo tan importante como para convertirse en la primera compañía de transporte de pasajeros mediante vehículos autónomos del mundo? ¿Hablamos de un cambio de estrategia tan importante como para dejar de ser una simple plataforma de conexión entre oferta – conductores de vehículos – y demanda – pasajeros – para convertirse en propietaria de una enorme flota de vehículos de lujo, con todo lo que ello conlleva en concepto de gastos de operación, mantenimiento, etc.? Mi impresión es que este salto es, incluso para una compañía como Uber, excesivamente audaz y difícilmente planteable en términos realistas, pero esperemos a que la noticia sea confirmada o desmentida antes de empezar con los análisis. Lo importante es que, en pleno 2016, tengamos aunque sea la remota posibilidad de plantearnos este tipo de especulaciones…

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Source:: Tuit Marketing

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Ignacio Sánchez Mingorance